Cuba, Martes 9:00 am 1994. Desde un cajón azul mi padre uno de los pescadores del barrio, a decidido llevar su barco mas allá de lo conocido. Con los bultos camuflajiado nos vamos. Adiós abuelo, un beso tía, abraso abuela. Nos recoge un carro viejo que ahora es clásico, no recuerdo como pero llegamos a un arrozal donde se encontraban otras familias. Allí, entre flores del trigo como tigres, como liebres esperábamos entre los brazos de nuestra madre. Callados uno a uno entrábamos a un camión de gasolina plateado y gigante, adentro se encontraba nuestro pasaje una nave rústica dormiente. 10 pm. Suena algo, estamos asta la mitad en el fango. Después de barios discursos, los hombres empujan la nave sobre el fango, dentro del mangle, por el medio del propio milagro hasta donde flota la costa.

Todo se ha echo mierda. Hemos roto los galones de agua mientras nos escapábamos en miedo. Los hombres proponen encontrar el bohio mas cercano para recoger agua y comida mientras nosotros nos quedamos escondidos con el caimán y seiscientos millones de mosquitos. Dos días y solo se oían las voces de militares, perros y policías “ellos tienen que estas por aquí, búsquenlos”

Sábado 12 am despierta la nave lentamente flotábamos entre los canalisos. Mi padre el pirata encargado, el recorrido estos laberintos desde los 16 años y nos presenta el océano aquella noche. Seguíamos al resplandor de la luna como un calle americana. Eramos ocho, cuatro mujeres y cuatro hombres y yo, nuestro bote era un “binban” es el nombre cubano que le dicen a los barcos que se hacen soldados en casa compuestos de chatarra, feo pero poderoso. Medida de 18’ y tenia un motor de mercedes benz del ano que se yo! Poquito a poquito se olvidaba la tierra y se abría el futuro.

Domingo, me desperté en el cielo, todo azul, azul blanco, azul negro. El día era hermoso como el espíritu de todos, celebrábamos con pedacitos de jamón y tapitas de aguá, una que dos gaviotas nos saludaban y maticas en el mar nos acompañaban. Mi tío el hippi le vendio una “bruja” compás que mi padre le cambio por una bicicleta que se había ganado por ser buen revolucionario, pero la bruja era de tierra y ciendo el barco de metal y tanta agua la bruja estaba totalmente loca. Los hombres queriendo ser hombres discutían el camino “por aquí” “olle! que por aquí se fue mi hermano” no se si mi padre los obedeció o me miro y siguió su camino.

Llega la noche en el golfo de México. Mis olas eran montañas, una épica guerra entre soldados y ogros, y nosotros buscando la salida entre los pies y la luna. Arriba y abajo, mi primer parque de atracciones. Sentado entre las tetas de una mujer que me protegía de las olas que nos daban en la cara. Esa noche no hubo escape ni control ni destino.

Lunes agua y lluvia. No había mucho de que hablar solo el silencio de las gotas sobre el metal. Nuestras bocas abiertas y descarsos, como orugas al norte. Entre la cortina de la lluvia una sombra y una mujer grita “tierra!” algunos dicen eso es una isla que le pertenece a cuba y se nos nubla mas el horizonte. Solo mi madre persiste vamos para hay y mi padre obedece. Poco a poco esa acuarela fue mojando su imagen. Pedazos de rocas y una roca enorme con un farol simple y perfecta. Llegamos, anclamos la nave, nos bañamos y hicimos barbecue cubano con seis gaviotas.

Desde esa roca de sol y sal uno de los hombre con un pedazo de botella rota le hacía señar a un hermano muy lejos…milagrosamente nos vieron, aquellos hermanos eran los hermanos al rescate se acercaron y nos presentaron el norte con una coca cola y una manzana roja.